Enseñanza y aprendizaje son dos términos estrechamente relacionados. Todo el esfuerzo y sentido del proceso de enseñanza y aprendizaje está dirigido al lorgo de ese aprendizaje autónomo, a aprender a aprender.
La enseñanza cobra su sentido en la medida en que logra ese aprendizaje perdurable. Aprendizaje es “cambio más o menos permanente de conducta que se produce como resultado de la práctica”. Aporta un cambio duradero, es transferible a nuevas situaciones y surge como consecuencia directa de la práctica realizada. El papel esencial del educador estriba en organizar, planificar, guiar todo el proceso, para que gracias a su intervención, cada educando tenga todos los elementos necesarios para aprender.
En todo proceso de aprendizaje debemos diferenciar una serie de pasos. Cada una de estas fases es imprescindible para integrar ese nuevo contenido en nuestra estructura: sensibilización, atención, adquisición, personalización, recuperación, transferencia y evaluación.
Todo aprendizaje responde a un diseño cultural. Vamos incorporando de forma explícita o implícita esos contenidos necesarios para integrarnos en nuestra sociedad. Encontramos diferentes teorías sobre los modelos de aprendizaje. Todas ellas tienen en cuenta que el protagonista de este proceso es el educando. Los estilos de aprendizaje es la definición de la forma en que la mente procesa la información o como es influida por las percepciones de cada individuo.
Uno de ellos es el análisis de los denominados dependencia e independencia de campo (Witkin, 1978). Los juicios de percepción de algunas personas se encuentran fuertemente influenciados por el contexto mientras que en otras dicha influencia es mínima o inexistente. Las personas de estilos independencia de campo suelen obtener mejores resultados en las tareas cognoscitivas.
Personas de estilo “independencia de campo”: en la adolescencia se incrementa. Presenta discontinuidad en la curva de aprendizaje de conceptos. Asumen formas de adaptación social caracterizadas por la autonomía personal.
Personas de estilo “dependencia de campo”: a partir de los treinta y cinco se incrementa la dependencia de campo. Son más regulares en la curva de aprendizaje de conceptos. Dependen en mayor medida de su marco social de referencia para poder formular sus creencias, aptitudes y sentimientos, ser más sensibles a las normas sociales e interesarse por la gente, todo lo cual favorece las habilidades y competencias sociales.
La enseñanza cobra su sentido en la medida en que logra ese aprendizaje perdurable. Aprendizaje es “cambio más o menos permanente de conducta que se produce como resultado de la práctica”. Aporta un cambio duradero, es transferible a nuevas situaciones y surge como consecuencia directa de la práctica realizada. El papel esencial del educador estriba en organizar, planificar, guiar todo el proceso, para que gracias a su intervención, cada educando tenga todos los elementos necesarios para aprender.
En todo proceso de aprendizaje debemos diferenciar una serie de pasos. Cada una de estas fases es imprescindible para integrar ese nuevo contenido en nuestra estructura: sensibilización, atención, adquisición, personalización, recuperación, transferencia y evaluación.
Todo aprendizaje responde a un diseño cultural. Vamos incorporando de forma explícita o implícita esos contenidos necesarios para integrarnos en nuestra sociedad. Encontramos diferentes teorías sobre los modelos de aprendizaje. Todas ellas tienen en cuenta que el protagonista de este proceso es el educando. Los estilos de aprendizaje es la definición de la forma en que la mente procesa la información o como es influida por las percepciones de cada individuo.
Uno de ellos es el análisis de los denominados dependencia e independencia de campo (Witkin, 1978). Los juicios de percepción de algunas personas se encuentran fuertemente influenciados por el contexto mientras que en otras dicha influencia es mínima o inexistente. Las personas de estilos independencia de campo suelen obtener mejores resultados en las tareas cognoscitivas.
Personas de estilo “independencia de campo”: en la adolescencia se incrementa. Presenta discontinuidad en la curva de aprendizaje de conceptos. Asumen formas de adaptación social caracterizadas por la autonomía personal.
Personas de estilo “dependencia de campo”: a partir de los treinta y cinco se incrementa la dependencia de campo. Son más regulares en la curva de aprendizaje de conceptos. Dependen en mayor medida de su marco social de referencia para poder formular sus creencias, aptitudes y sentimientos, ser más sensibles a las normas sociales e interesarse por la gente, todo lo cual favorece las habilidades y competencias sociales.
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